En la mayoría de la bibliografía médica consultada se destaca el valor de la ecografía para diagnosticar la colecistitis aguda.

Algunos autores sustentan la alta eficacia de esta técnica, pues permite medir los diámetros vesiculares con alto grado de confiabilidad. Al respecto, consideran que el diámetro longitudinal debe medirse en corte sagital y el transverso y anteroposterior, en corte coronal.

El tamaño de la vesícula normal es muy variable, depende de diferentes grados de contracción y distensión. Por lo que su dimensión tiene poca significación patológica. No obstante, si es mayor de 10 cm de largo y 6 de ancho, y no varía con la comida grasa u otro estímulo fisiológico, puede considerarse como una vesícula agrandada o dilatada.

Se estima 3,4 que la vesícula dilatada, indiscutiblemente, sugiere la existencia de una colecistitis aguda, como lo ocurrido en esta casuística.
Varios autores destacan la necesidad de explotar al máximo los datos que proporciona la ecografía. En cuanto a espesor de la pared vesicular, constitución de esta, existencia de edema y grado de inflamación, aspectos de inestimable importancia para el cirujano en la intervención quirúrgica de urgencia.

En estudios afines se plantea que en la colecistitis aguda la pared vesicular alcanza valores mayores de 4 mm, que asociados al edema y a la dilatación de esta, existen riesgos de otras complicaciones.

Al respecto se afirma que los procesos inflamatorios de la pared vesicular se asocian frecuentemente a litiasis.  Que su engrosamiento difuso se puede demostrar mediante ecografía, tanto en la colelitiasis aguda como en la crónica.

Es altamente difundido el hecho de que en la fisiopatología de la colecistitis aguda la litiasis es la responsable de 95 % de los casos, en los cuales se destaca, además, la frecuente localización en el cuello vesicular, lo cual obstruye el libre drenaje de bilis y, por consiguiente, desencadena uno de los mecanismos fisiológicos de instalación del cuadro clínico.

La mayoría de los autores sostienen que la ecografía debe ser el primer examen a realizar cuando se sospecha la presencia de inflamación litiásica aguda en la vesícula biliar. Pues permite hacer un diagnóstico certero.

En múltiples ocasiones, el patrón ecográfico de una colecistitis aguda se acompaña de cierto grado de dilatación del colédoco. Generalmente asociado a la presencia de litiasis. Lo cual coincide con lo obtenido en esta serie, aunque hubo un paciente que no la presentó, tal vez por algún fallo en el proceder diagnóstico.

Estudiosos del tema plantean que no es despreciable la frecuencia con que se presenta la dilatación coledociana en afecciones vesiculares agudas.

La ecografía diagnóstica en la etapa preoperatoria brinda información sobre el estado de las vías biliares y la presencia de coledocolitiasis. Parámetros capaces de convertir la intervención por vía laparoscópica en cirugía abierta.

Por otra parte, debido a la urgencia en cuanto a los signos y síntomas, los pacientes frecuentemente no están en ayunas. Que es la preparación que se necesita para lograr una buena repleción por bilis de la vesícula. Y definir así, con nitidez, sus características. De esta manera también se evita la superposición de gases.

Cuando se trata de un paciente obeso, la superposición de panículo adiposo, conocido como “enemigo del ultrasonido”, resta precisión al examen. Este proceder es operador dependiente, es decir, la experiencia, la destreza y la habilidad del ecografista desempeñan una función primordial en el resultado final de este medio de diagnóstico.

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Conclusiones

Resumen escrito por el Dr. Daniel Cruz

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